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El fin del mundo

Faltan pocas horas para que llegue el 2012, el año más controversial por el fin del mundo desde… bueno, el 2011.

Esta imagen la encontré en google, no sé de quien es.

Ccomo cada año, la gente se prepara para el último día de sus vida, pero en lugar de prestarle atención a los paros cardiacos que las hamburguesas les profetizan, buscan en los cielos, en los Mayas, en oráculos ebrios del oscurantismo, y en cualquier señal divinamente conveniente para faltar al trabajo porque ¿si el mundo se acaba, no querrán morir en una oficina?

Al parecer y según tengo entendido (no lo sé con seguridad, no tengo datos clasificados del pentágono o de DARPA) no existen virus capaces de infectar muertos y causar el apocalipsis zombi, tampoco confío en que un planeta misterioso de 8 veces el tamaño de la tierra aparezca de la nada el martes que viene y choque contra el jardín de mi tía (nada se perdería en ese caso, es un lugar árido y triste, y si de paso mi hermana se encuentra ahí, empezaré a creer en el dios que mencionen primero, lo prometo).

En todo caso, el mundo no ha desaparecido ni una sola vez desde el mes pasado, y le dieron las horas contadas por lo menos unas tres veces, si quieren abandonar a su familia o sus trabajos busquen una razón más lógica, como una bailarina exótica o drogas que hagan ver colores bonitos, ya saben, las razones clásicas de toda la vida, pero si el fin del mundo es la razón, mejor consigan un gato y empiecen su colección, he escuchado que el plan dental para indigentes deschavetados es excelente.

Douglas Adams no es ningún profeta, y aunque yo quiera creer que los delfines tratan de advertirnos de algo con sus saltos me temo que en realidad sólo juegan con nosotros (jugar con la comida que le llaman), la buena noticia de todo esto es que Amazon se ha acercado mucho a la “Guia del Autoestopista Intergaláctico” con el Kindel, pero ya veremos, a lo mejor nos sacan un libro electrónico que sea más confiable en el futuro (si, en el futuro, como en el 2013).

De la película basada en el libro de Douglas Adams anteriormente mencionado.

En fin, el punto de este post es desear un feliz año a quienes lo lean, espero que puedan conseguir sexo casual en alguna que otra fiesta del fin del mundo, a lo mejor comprar una propiedad por centavos (en mi país vendieron una casa por un caramelo y unos cuentos sucres en 1999, port-dolarización por cierto), y si es posible, les deseo que sobrevivan lo suficiente para recordar que, otra vez, estamos a salvo, claro, si descontamos las plantas nucleares, guerras políticas y militares, la hambruna, y esa extraña gripe de hormiga que está azotando las costas de algún país latinoamericano que nadie conoce pero que según el mail está cobrando vidas que se salvarán si lo reenvían a todas sus amistades… como sea, ¡feliz fin del mundo y un próspero fraude nuevo!

P.D.: Agradezco a un lector en especial que me ha dejado comentarios últimamente, amigo, de verdad me han entrado ganas de escribir gracias a ti, un abrazo.

P.P.D.: Dedicado a mi familia, amigos, y mi novia, si no fuera por ustedes, tendría salud y cordura, pero no los tendría a ustedes… ya ni modo, ¡me quedo con ustedes!

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